Publicidad:
Terra
La Coctelera

Lanzadora inexperta de puñales

Pues eso me considero. Me da miedo todo, cada día más, o cada vez menos, depende de cómo se vea.

Anoche estuvo el sueño lleno de pesadillas, pero por fin estaban libres de tí. Me despertó mi querida pit-bull introduciendo su húmedo y frío hocico en el hueco entre el edredón y mi espalda.

Ya no estás en mis sueños, ya no recuerdo tu nombre cuando no soy consciente. Hoy sólo pronuncié tu nombre de pila una  vez, y fue antes de estallar en risotadas con mi mejor amiga. No nos reíamos de tí, pero para el caso funcionó recordarte.

Anoche soñé con mis periodos de psicosis. Esos días en los que no sé qué ha ocurrido, ni cómo, pero me meto en cama y no recuerdo nada del día. Suele ocurrir en esos días que cometo errores, locuras, y luego, si descubro qué pasó, me arrepiento.

Es algo extraño. Por unas horas, mi cerebro se fuga, y actúo de forma irracional. Suelto frases, cometo acciones, y no recuerdo nada.

A veces lo noto. Me siento en el vagón del metro y miro con odio a alguien. O lo miro, simplemente, e imagino cómo debe ser su vida. No sé cómo describirlo, ya que no lo recuerdo muy bien. Sólo sé que no soy dueña de mí misma, y eso asusta un poco.

Puedo hacer qualquier cosa en ese estado. Puedo aparecer en cualquier sitio, haciendo cualquier cosa, con cualquiera. Y me viene un rayo de luz que dura unos segundos, me pregunto qué estoy haciendo, y tal como viene la lucidez vuelve a marcharse. Al día siguiente no recuerdo nada, todo son manchas borrosas, recuerdos absurdos que sólo me provocan ansiedad al no poder hilar un recuerdo lineal de qué pasó.

Es como una borrachera sin alcohol, con la luz del sol, sobria. Un sueño del que sólo puedo recordar fragmentos, pero con la idea de que ha sido algo real. Algo que me puede acarrear consecuencias que desconozco porque no sé qué ha ocurrido.

A lo que iba. Soñé que, presa de este estado de descontrol, recurría a un amigo. Este amigo me abría la puerta de su casa para pasar la noche. Yo entraba, salía, y el caos me invadía. Cuando volvía a su hogar, la calma estaba ahí esperándome. Hasta el momento de volver a cruzar el umbral y perderme en mi caso cerebral.

Algo parecido a lo que ocurre en la vida "real" pero sin casa.

"Si se callase el ruido oiría la lluvia caer, limpiando la ciudad de espectros"

Me ocurre hace unos días que no puedo correr. No sé qué pasa, pero no puedo. Apenas recorrdo 6 o 7km y no puedo más. No me apetece correr más. Vuelvo a casa, derrotada. Hoy apliqué una medida de último recurso: el FARTLEK. Correr a 4:50, reposar, volver a correr a 4:50.. y así hasta los 6km.

Trote cochinero hasta casa. Algo es algo. No he durado mucho, han sido 45 minutos, pero de calidad. Suficiente.

"una estruendosa jauría se empeña en hacer callar las preguntas, los matices, el murmullo de ojalás"

Tiene su gracia que me cruzara con mi ex más oscuro, cuya relación aún extiende sus tentáculos en mi realidad más actual, cuando sonaba en el mp3 la canción de "Ojalá" de Silvio Rodríguez.

Mis pesadillas siguen ahí, pero libres de tí. De él. De todos vosotros, los que habéis intentado doblegar mi espontaneidad y, por ende, mi LIBERTAD.

Pagué un precio muy alto por ella. Hace falta mucho para que la entregue así, sin más, al primer niño de ojos bonitos y alto CI que se me aparezca.

Sucede que a veces...

...Isma no sólo canta cosas malas. Y no sólo me pueden gustar sus canciones tristes. Supongo que todo va a ser miedo a volver a creer en estas cosas.

Sucede ahora que, sin darme cuenta, alguien aparece y me apetece. Me apetece, así, sin más. Me apetece hablar, compartir ratos, series, cine, bocatas y sábanas. Aunque sólo sea una necesidad mutua, o intento disfrazarlo como tal. Porque no es más que eso. Una necesidad. ¿verdad?

Por cierto, hoy hubo de todo. El día tuvo espacio hasta para una MMP en la 10km de Jean Bouin. Toma 56'. Me he zampado 19'' del tirón, y más que podríamos haber corrido. Fuimos reservones durante todo el recorrido temiendo las últimas cuestas. No eran para tanto, pero mejor saber que no eran para tanto que haber terminado exhaustos y con un peor tiempo por ir demasiado valientes.

Nos espera la San Silvestre para bajar los 55 minutos. Para conseguir un cajón para La carrera de los Bomberos. EL cajón. Campeones. Oé.

Y todo se distorsiona,

y mi cara muestra una mueca extraña, fea, antes de dejar caer lágrimas por las mejillas.

No debo, no debería, sé que no es bueno, pero no puedo evitarlo.

Me doy un paseo mental, virtual, y me dejo arrastrar un poco más. Se abre una grieta en las paredes de mi habitación por donde sale la mierda y me lleva en volandas, como la reina de la materia fecal, al pasado.

Releo e-mails, miro imágenes, escucho música y me siento integrada, como un todo, en la mierda. Busco los párrafos más bonitos, las palabras que más me emocionaron, sacándome sonrisas, mejillas sonrojadas en su momento. Esas mismas mejillas que ahora se empapan con las mismas palabras, en el mismo mensaje, la misma... mierda.

Todo un producto de mi cabeza, todo el resultado de sueños estúpidos, esa relación unidireccional que mi mente estúpida creyó bidireccional hasta que un rayo de luz, de sentido común, decidió iluminar como lo que era. Una estupidez. Algo que, como bien me dijo esa persona, no debería haber pasado de ahí.

Podríamos haberlo idealizado, haber sido una experiencia preciosa y genial de un sólo fin de semana. Pero no, yo no podía dejarlo estar. Me vendí, más bien me regalé, y todavía pago los malditos intereses de aquella mala inversión.

Y me encuentro, como una Aïda estúpida, sin despegarme de la botella, del ordenador y de la esperanza. Que sí, que es mala, pero ahora mismo es lo único que queda.

Qué pena. A los 27 años, que no me quede más que las latas de cerveza vacías, y las lágrimas rodando, una tras otra, como si no hubiera más cosas que hacer que rodar cuesta abajo sin encontrar un recodo en el que descansar.

Me alegro, como mínimo, que este blog haya quedado en el olvido. Esto me permite expresarme libremente, sin censura. Y dejar de oír retumbando la palabra que más me ha atormentado durante este maldito 2011... despis, despis, despis... Odio ese nick. Despis ha muerto, la han matado, u ojalá hubiera sido así. Quiero matarla, y no puedo. Ya no soy despis, no soy insomniac, soy sólo un caparazón que vaga en busca de nueva identidad sin encontrarla.

Mala tierra...

...trágame.

Que me han vencido los fantasmas... me han abandonado las ganas dejándome sin sueño, hambre, gracia ni nada. Ni una guspireta.

Me quedaré en mi rincón, lamiendo las heridas un rato. Hasta que vuelva a estar bien. No prometo esconder un gruñido a quien se acerque.

Ojalá encontrara....

....en youtube la versión de "Ojalá" que hizo Ismael Serrano de Silvio Rogríguez, pero no hay manera.

Es extraño, la sensación de soledad y libertad, entremezcladas como una lluvia en pleno mes de agosto. Hace frío, hace calor, no hay nada definido, y a la vez es una situación presente, que existe, que se vive con todos los sentidos.

Ahora, en pleno mes de noviembre, me siento de forma parecida. Siento algo, no suficiente frío, no suficiente calor. Sin deseo, con melancolía. Con amor, sin pasión. Quizá es una mezcla de necesidades compartidas, quizá no llega ni a eso.

Todavía te odio. Y por ello, todavía te quiero. Creo que siempre te odiaré, y por eso siempre te amaré. Demasiado daño, demasiado sentimiento tirado por tí a una ruleta. Para mí era importante, ¿Tan difícil era para tí darle la misma importancia?

Quiero, y me dan ganas de decir "te quiero" porque lo siento, pero no del mismo modo.

La palabra constante, la palabra concisa, la sonrisa perfecta....

No es cierto, no existe ahora mismo, y dudo, como siempre que no estoy enamorada, que exista. Pero quiero a alguien. Disfruto su felicidad, comparto su pena, sus alegrías y me gusta notar sus brazos en la noche fría rodeando mi cintura. Me gusta buscar con mis manos sus palmas calientes y estrechar nuestros dedos minutos antes de caer dormida. Me gusta notar su corazón y su pelo, su piel y su calor. Pero no deseo que siempre esté conmigo, no quiero notar su piel cada mañana, no quiero que su voz me despierte cada día.

No quiero su mirada, no quiero su voz, no quiero su presencia constante. Sólo lo quiero ahora, porque sí. Porque me apetece, pero sé que es posible que más adelante me apetezca otra presencia más, y no quiero dañarlo, ni dañarme.

Ahora está lejos., y quiero decirle "Te quiero", y sólamente me sale poner "T" en un mensaje. Algo indescifrable, algo que no va a entender ni quiero que entienda. Sólo llevaría a malentendidos.Algo que le lleva a preguntas que no voy a responder. Que no quiero responder. Me da cansancio, hastío, MIEDO.

Mientras, paso mi infierno particular en la fría Barcelona. Siento, recuerdo, sueño y lloro. Veo, leo y escucho. No quiero, pero luchar no sirve de nada. "Déjatelo sentir", fue el consejo que me dio hace tiempo mi psicóloga amiga y le hago caso. Siempre sirve.

Hace un par de días (ya estamos a martes, qué rápido pasan los días) me dejé llevar. Fotos, e-mails, cosas que recuerdan. Me zambullí en el recuerdo y me dejé llevar. Lágrimas, sollozo, sangre, dolor y sueño, y vuelvo a estar bien. Ya es la una de la madrugada, y aquí sigo.

No puedo decir que ya está. Ahí queda el recuerdo, pero de lo bueno y lo malo. No pude evitar recordar ayer una ducha tibia, el agua caliente cayendo sobre el cuerpo ahora solo, y no puedo evitar desear: "ojalá pase algo que te borre de pronto". Ojalá nunca hubiera existido aquel frío día de enero, ni aquella voz, aquellas palabras, la nieve, la piscina, todo. Ojalá nunca hubiera ocurrido nada. Ojalá... de ojalás vivimos a veces. No sirve.

Por suerte pude deshacerme de los papelitos pequeños. No los tiré, pero sí los dejé en casa. Ya no me acompañan, ahora se quedan en la mesita de noche, donde no los palpo, no los noto cada día.

"no te dejará dormir este estrépito infinito..."

Mi parte positiva decide que está bien, que una experiencia más a la saca. Que he vivido, que he sentido, que he querido vivir y morir más que nunca gracias a esto. Que esto me da material para pensar, vivir, escribir, dibujar, pero a la vez querría ser una maldita ameba, sin vida, sin sentimientos. Que ojalá no pudiera tocar ni en canciones, como Silvio desea.

Ojalá, ojalá, ojalá la vida fuera de otro modo, pero ésta es la que me ha tocado. Con esta familia de mierda (sí, de mierda) , esta profesión de mierda, este piso de mierda y esta vida que lo único que puede ofrecerme es la emoción viva, candente y llena de rayos fulminantes que me lleven del éxtasis a la depresión cada dos por tres.

Cuando esté harta, lo tengo fácil. Lo tuve, como todos, aunque un imbécil no quiso creerlo.

Tengo insulina de sobras, y ganas.... cuando las haya. Será un accidente, será una lástima, pero no una pérdida irreparable ñara nadie, excepto para mí misma.

"si se callase el ruido oirías la lluvia caer limpiando la ciudad de espectros..."

Todo se supera, claro. Todo. TODO. Excepto el amor cuando te da de pleno, cuando descarga un voltaje extremo en el corazón  y éste tarda demasiado en recuperar la cadencia de sus pulsaciones. Entonces empieza a planear la duda sobre los hemisferios "¿volveré a ser la misma persona que era algún día?"

Definitivamente, la respuesta es no. Nunca vuelves a ser el mismo. Los patrones neuronales han cambiado, la sangre se ha convertido en algo más ácido de lo que era, y el miedo ha decidido construirse un chalet pequeñito al lado del ventrículo derecho. Que parece más calentito, vamos. Un nidito de amor para convivir con la esperanza, la inociencia ya casi cadàver y un poco del futuro.

"háblame de tus abrazos, de nuestro amor imperfecto, de la luz de tu UTOPIA, que tu voz tape este estruendo. Si se callase el ruido, oirías la lluvia caer, limpiando la ciudad de espectros..."

¿Vale la pena? Sigo pensando que sí, pero los gritos de la aurora me recuerdan que existe el pasado, y las paredes me dicen que será cada día más difícil, las miradas, palabras y frases serán tamizadas. No quiero vivir así, pero la maltida esperanza me hace creer que algún día no recordaré todo esto.

"te oiría hablar en sueños, y quizás entenderías que nos queda la esperanza..."

Será mentirosa....

Mierda, mierda, mierda....

Lo peor que podía hacer ahora mismo es escuchar al mierdas de Ismael Serrano, ese que me lleva directamente, como con un tubo aspirador, al pasado. Y me dan ganas de vivir en Madrid, volver atrás en el tiempo, no dar pasos que dí, quizá equivocados, quizá no. Quizá, quizá, quizá. Demasiados quizá, pobre blancanieves. Qué mal momento en el que un estudiante de medicina me cantó, más mal que bien, la canción de "vine del norte" y descubrí a este cantautor que sólo me trae cosas malas.

Y me veo paseando por el parque del retiro, con un cielo que amenaza lluvias, o huyendo del agua que cae de bar en bar. Y no quiero verme más así, y a la vez deseo verme siempre así.

Odio esto. Odio el tiempo, odio 2011, odio la indecisión, o la decisión bien tomada. Según Ismael, la excusa más cobarde es culpar el destino. Y no, no seré cobarde. Yo no soy cobarde, soy consciente de que todo lo ocurrido es fruto de mi decisión. Pero por otra parte me gustaría desdoblarme, una y mil veces, y vivir todo lo que podía haber vivido. No quiero quedarme varada en la barra del bar, no quiero quedarme en esta vida que parece que se empeña en clavar mis manos a una situación que no quiero. No acepto los clavos, no acepto la inmovilidad, como nunca la acepté. Así que esperaré unos días, pocos. Quizá un par de semanas, o tres.

Luego... luego no sé. Como siempre.

Y abro una foto, voy al baño, y sentada en la taza se me cuelan cuatro lagrimillas distraídas. Vuelvo al ordenador, y la imagen me golpea. Duele en dentro, duele sobre las tripas, entre los pulmones. Y me dejo ir. Me da igual. Nadie me va a ver, nadie va a juzgar, nadie va a importarle. Me permito, por primera vez en meses, soltar un poco de agua por los ojos por este motivo. ¿Será un paso atrás o uno hacia adelante? No lo sé, y la verdad... me importa una mierda.

Momentos de cambio

Hasta que decida dónde y cómo escribir, voy a utilizar este blog, abierto hace tiempo, para eso.

Me encuentro en un momento extraño, aunque eso no sea algo malo. Realmente me gustan las cosas extrañas. Los tipos raros, las situaciones extravagantes, vivir un poco al límite dentro de losmárgenes de seguridad.

Estoy viviendo varias historias a la vez, y creo que debo cerrar algunas, pero será por las ganas o por la inseguridad, no me atrevo a cerrar ninguna. Y voy abriendo historias nuevas, mezclándolas con las antiguas.

Hoy me sorprendí sonriendo como una boba al encontrar un mensaje con una foto en el móvil. Alguien está viviendo una aventura increíble, y ha tenido un momento para acordarse de mí: "Es un Runner de NY, desayunando". A menos de un metro de él. Y más que la foto, lo que me ha emocionado es que se acordara de mí, o que decidiera pasar las últimas horas antes del viaje conmigo en vez de dormir o hacer la maleta.

Las cosas no van muy bien, y todo es culpa mía.

Estoy en un trabajo frustrante, de mierda, porque no me atrevo a decir claramente que no me gusta. Me quedo colapsada, pasando las horas en la mesa leyendo por internet. Me siento mal porque sé realizar el trabajo que se me encomienda, pero como no quiero hacerlo... me quedo en blanco.

Quiero irme, pero me da cosa porque se han gastado mucho dinero en mi formación hasta ahora. Llevo apenas 3 meses y ya he asistido a un congreso y tengo un curso pagado. Casi 500 euros en total. Me siento mal abandonando el barco tan pronto...

No puedo dormir porque sé que no quiero levantarme para ir a trabajar, pero a la vez no tengo mucho más que hacer. Mi idea es buscar trabajo en Euskadi, e irme a vivir allí. Una de esas ideas locas, romper con todo. Ahora que no tengo ataduras con nada, aunque me venga a la cabeza el tipo éste que ahora está en NY y me sepa mal saber que no voy a verlo si me marcho.

Seether

23 borradores. 23 ventanas de texto que nadie leyó, o nadie leerá. Que borraré cuando ya pueda releer sin que me venga a la cabeza la voz de Shaun Morgan gritando "I'm so ashamed of me".

23 montones de palabras, algunas de ellas etílicas, que mejor se quedan en el olvido, como el post que acabo de escribir y que Firefox consideró tan poco apto para la publicación que mejor se reinicia y a tomar por culo el texto.

Me vienen a la cabeza las últimas palabras que crucé en el día de hoy, a las 12 menos cinco:

Insomniac - ¿porqué coño están tan amargas estas cosas?

Compa de piso - Porque son drogas, joder. Es como si te metes una raya de coca con sabor a azúcar... pues no.

INsmNiac - Pues vaya mierda. Mañana se va a levantar a las 6 su puta madre. Si despierto a las 8, me doy con un canto en los dientes.

C de P - Ni a las 9. Me lo vas a decir a mí, que vivo contigo.

La voy a echar de menos cuando ya no viva aquí, a saber cuándo será eso. Mientras, espero que venga el sueño acompañada de Korn y Seether... no son mala compañía, aunque tengan de relajante lo mismo que un ácido.